Pedro Sánchez, el presidente español, sale con su cantaleta de que «normalizar» las relaciones con México es su prioridad. ¡Qué aplauso! Solo falta que la historia no les importe, ¿verdad?
En una entrevista al periódico El País, este mandamás español se pone el disfraz de buen vecino y dice que México es como su primo-hermano en todas las dimensiones. ¡Vaya descubrimiento!
Pero no acaba ahí, Sánchez, con una sinceridad forzada, menciona los «claroscuros» de la relación histórica entre ambos países. Ah, muy valiente al admitir lo que todos sabemos, ¿no?
Y recordando la guerra civil del 39, Pedro saca la bandera de los exiliados españoles en México. Pidiendo perdón, pero sin soltar la chequera, ¡claro!
¿Qué más esperamos de este espectáculo diplomático? Ah, sí, que se disculpen por la Conquista. Aunque vamos, lástima que admitir los errores no arregle nada, pero bueno, así es la diplomacia de salón.
Ahí tienen, amigos, cómo se maquilla la historia para hacer bonita la hipocresía entre países. ¿Y México cuándo pedirá cuentas? ¡Que alguien le recuerde a Sánchez que normalizar las relaciones solo no basta!
