La Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se lució en redes al recibir al Presidente de Francia, Emmanuel Macron, afirmando que la relación bilateral «fortalece el respeto mutuo, el diálogo y la hermandad entre nuestros pueblos». Vaya, qué bonito discurso de hermandad, ¿no? ¿Será que también intercambiaron recetas de pan francés y tamales mexicanos?
En un encuentro lleno de risas y abrazos (o eso nos quieren hacer creer), ambos mandatarios se juntaron en Palacio Nacional para demostrar cuánto se quieren y se respetan mutuamente. Hasta cantaron los himnos de sus países, como si estuvieran en un festival de kermés. ¡Viva la fraternidad internacional en tiempos de política y buenas intenciones!
Pero el festín de la hipocresía diplomática no termina ahí. Sheinbaum estuvo rodeada de su séquito de secretarios y subsecretarios, como si fueran los fieles escuderos de la realeza moderna. Mientras Macron trajo su propio batallón de ministros y embajadores, ¡para que no se sientan excluidos de la fiesta de camaradería y buenos deseos!
Y para cerrar con broche de oro toda esta farsa, nos invitan a unirnos a su canal de WhatsApp para recibir «lo más importante de México y el Mundo». Claro, no vaya a ser que nos perdamos el próximo espectáculo de abrazos diplomáticos y sonrisas falsas. ¡Ah, qué tiempos para ser testigos de tanta camaradería y amor entre naciones! Seguro hoy en día, todos duermen tranquilos sabiendo que nuestros líderes se abrazan y se toman selfies juntos. ¡Viva la diplomacia de banquillo y las relaciones públicas!
