La jueza federal Sara Ellis ordenó restringir el uso de gases lacrimógenos y otras armas antidisturbios por parte de agentes de inmigración en Chicago, después de darse cuenta de que el gobierno estaba tirando puras patadas de ahogado con la política migratoria de Donald Trump.
Ellis se percató de que los testimonios oficiales eran más falsos que un billete de 3 dólares y que los videos corporales contradicen hasta la voz de sus propios funcionarios. La orden judicial les canta la tableta a los agentes, periodistas y líderes religiosos, protegiendo la libertad de expresión y reunión que según se ve, les cuesta bastante entender a estos sapitos.
En una audiencia, los demandantes soltaron el chorizo sobre la violencia que vivieron durante las protestas. El comandante de la Patrulla Fronteriza, Gregory Bovino, confesó haber soltado un rumor falso que justificaba el uso de gas lacrimógeno en un barrio mexicano. Y el Departamento de Seguridad Nacional, ¡fíjate nomás!, anunció que se va a echar una roñita contra la decisión de la jueza, llamándola un “acto extremo”.
Ellis les refrescó la memoria recordándoles que Chicago no es un campo de batalla, como dijeron estos chiflados, y les puso un alto diciéndoles que de ahora en adelante no van a poder usar sus juguetitos contra civiles, a menos que se sientan en peligro real.
Mientras tanto, como para no perder la costumbre, Nancy Pelosi anuncia que su retiro en Washington marca el fin de una era. A ver qué nueva ocurrencia nos tienen los de arriba.
