¡Ataquen las narcolanchas, que caigan los narcos! Esa parece ser la consigna de Trump y su camarilla, que ahora ordenaron otro «ataque cinético letal» en el Pacífico. Dos muertos, ¡pónganlo en cuenta!
El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, fue el mensajero de la buena nueva. Según él, esta vez les tocó a los del Pacífico oriental. Y claro, como siempre, la excusa es la misma: narco, terrorismo, y bla, bla, bla. Una narcolancha, una organización terrorista, y voilà, justificación para matar.
Por supuesto, ningún gringo salió herido. ¿O acaso pensaban que dejarían que les pasara algo? Trump, con su voz de trueno, proclama que hagan puntería con todos los barcos que se atraviesen en su «lucha contra las drogas». Pero la patria no solo se defiende con bombas, sino también con diplomacia, ¿o no?
Ya van 67 víctimas entre el Caribe y el Pacífico. Colombia y Venezuela no están muy contentas con esta cacería. ¿Y quién las entiende? Los gringos llegan, matan, destruyen, y todo en nombre de la justicia y la seguridad. ¿Legalidad? ¡Pff! Eso parece ser lo de menos.
Y mientras tanto, el show sigue. Marco Rubio se apresta a dar su informe al Congreso. Siguen los bombardeos, las excusas, y la hipocresía. ¿Hasta cuándo durará esta función? Solo Trump y sus secuaces lo saben.
¿Y la moraleja? Ninguna. Solo más muerte y violencia disfrazada de justicia. Mientras tanto, ¡bendito país de las libertades!
