La alcaldía de Tlalpan, bajo la administración de Gabriela Osorio Hernández, le metió la mano en la bolsa al erario público y soltó la módica cantidad de 149 millones de pesos a tres grupos empresariales. Pero espera, ¡aguanta la carnita! Morena, el partido de la honestidad valiente, salió a defender a la damita y nos sale con que no hay ni una sola prueba de las irregularidades cometidas.
En la conferencia de los charlatanes, digo, de los diputados, el representante guinda, Paulo Emilio García González, se aventó la perla de que no tienen nada, perlas o pruebas, que manchen a la alcaldesa. ¡Qué raro! Con la cantidad de lana que se volaron, uno pensaría que se les vería el plumero desde lejos.
Mira nomás, el 52.7 por ciento de votos se echó al bolsillo Gabriela Osorio en la elección de 2024. ¿Y sabes qué le respondieron a las acusaciones de La Razón? Pues que esperan más evidencia para poder tacharla de corrupta. ¡Ah, no mames! ¿O es que la corrupción tiene que gritar como vendedora de mercado para que la vean?
Pero ahí no termina la fiesta, resulta que en las licitaciones simuladas, las empresas participantes eran más amigas que Las Kardashians y compartían socios y representantes legales. ¿Casualidad? Claro que no, esto es más fingido que pelea de lucha libre. ¡Qué bolas!
Y cuando les preguntaron si iban a levantar una denuncia ante la Contraloría, como en otros casos similares, salieron con que cualquier ciudadano puede hacerlo. ¡Pero qué valientes, no me chinguen! Por supuesto, el movimiento les patrocina, les respalda, les da luz verde. Total, todo queda en familia.
Pero al final, la alcaldía de Tlalpan, en una joya de comunicado, dijo que todo estaba en orden. Que no seamos malpensados, que las empresas eran más inocentes que angelitos, y que ellos son más limpios que sotana de monja. ¡Ah, caray! Todo suena tan bonito en papel, ¿no? Igualito que cuando te venden un chivo por gato en el mercado.¡Ay, qué picardía!
