Tras bajarnos la noticia con estilo humo negro del Vaticano, Benjamin Netanyahu, el primer ministro israelí, salió de su cueva para desmentir esos rumores de su supuesta muerte. Sí, el tipo está más vivo que un sábado de antro. En un acto digno de nominación al Oscar, apareció en un video desde un café, despotricando contra las habladurías que lo daban por finado.
Ahí, como si fuera en un tríptico de Tarantino, levantó las manos para contar sus dedos y demostrar que todavía no ha llegado el día de la resurrección. En plan chistoso, o tratando de serlo, soltó un «Sí, estoy muerto… de ganas por un café», mientras todos respiraban aliviados de saber que el polémico líder sigue liderando por lo menos en este episodio de nuestra querida telenovela política.
Esto es tan chafa como no ganar la rifa del tupper con pollo en la kermés. Pero resulta que los chismes sobre su «muerte» nacieron en redes y canales iraníes sin chiste, empezando una tormenta en un vaso de agua que ni siquiera tenía hielo. Pensaríamos que la gente dejo de creer en los Simpson y sus teorías conspirativas.
Con el contexto caliente entre Israel e Irán, el ambiente de los chismes estaba más picante que un elote con todo en el mercado. Pero Netanyahu sigue firme y negando con la cabeza cualquier afirmación sobre su muerte. Señores, el show debe continuar, y el primer ministro tiene que mantenernos entretenidos con sus peripecias en el reino de Oriente Medio.
Con esto, el tío Bibi, como le dicen sus amigos en el sauna de la política israelita, deja en claro que todavía tiene mucha tela que cortar y que no se nos va tan fácil. Por ahora, aparte de chistes malos en cafés, no hay mucho que reportar. Lo que sí confirmamos hoy es que no era su nombramiento oficial para estar con San Pedro todavía. No fue esta vez.
