El Congreso de Estados Unidos ha revelado los videos de los Clinton relacionados con Jeffrey Epstein. Sorpresa, ¿verdad? Después de años de exigencias, por fin algo de transparencia en torno a este escandaloso caso.
Bill y Hillary tuvieron su momento estelar, con declaraciones de más de cuatro horas cada uno. ¡Vaya maratón de hipocresía! En el Comité de Supervisión, compuesto principalmente por republicanos, ambos expusieron sus versiones sobre sus vínculos con el delincuente financiero Epstein y su socia Maxwell.
Bill Clinton, incómodo y asediado por preguntas incómodas, afirmó que Trump le confesó haber pasado «buenos momentos» con Epstein. Qué casualidad, ¿no? Como si fueran amigos de toda la vida. ¿Y qué decir de los vuelos en el jet privado del tipo, Bill? Cuatro viajes internacionales en plena década de los 2000, ¿casualidad?
Por su parte, Hillary jugó el papel de la «yo no fui», negando conocer al acusado y evadiendo toda responsabilidad. ¡Claro, ni en pintura lo conoce! Y ya planea traer a Trump al ruedo, señalándolo como un posible testigo relevante. Ahí existe un juego de sillas que promete.
Una Casa Blanca visitada 17 veces por Epstein entre 1993 y 2001, registros de vuelo comprometedores, declaraciones confusas y una tensión partidista que se cortaba con navajas en Washington. La trama se espesa, los papeles se diluyen y la hipocresía se expande como no se veía desde hace tiempo.
Transparencia, cinismo y una dosis de realidad en la farándula política estadounidense. Los Clinton se deslindan, pero las fotografías y documentos no mienten. Epstein, Trump y el juego de poder en el Congreso. Una historia que no se la desearías ni a tu peor enemigo. Ah, la política, ¡qué maravillosa y corrupta eres!
