¿Misterio o encubrimiento? ¿Vivo o zurrado el líder de Irán, Ali Khamenei? Este circo mediático se ha vuelto la joya de la corona en medio del pandemonio bélico que tiene a Medio Oriente con el calzón abajo después de los dildos lanzados por Estados Unidos e Israel en territorio iraní.
Detrás de cortinas de humo y balazos, circulan relatos encontrados como caguama en cantina. El ministro de Asundos Exteriores de Irán, Abbas Araqchí, jura y perjura por su mami que el líder supremo sigue con el pulso activo, agarrándose la chiva y con el corazón castroso en el pecho. Según él, hasta el presidente iraní, Masud Pezeshkian, sigue contando chistes malos y tomando té después del ataque.
Y claro, qué tequila se toma uno cuando se dice que, a pesar de los trancazos, la crema y nata del gobierno está más viva que las botargas, y se la rifan frente al tolete de los gringos. Araqchí habla de un par de mandamases militares caídos, pero que eso no mocha la cabeza del pollo ni le quita plumas al pavo en el Gobierno de la Inter-chancla.
Pero oye, que no cunda el pánico, dicen las malas lenguas israelíes y medios extranjeros que hay olorcito a chamusquina y que Khamenei podría estar haciendo el pino con San Pedro tras el ataque de los guapos. Resulta que las bombas cayeron cerca de sus arrumacos y, por lo pronto, no hay selfies ni memes de su presencia celeste o terrenal.
Por si las dudas, no hay confesión de parte, ni pruebas de oropel. Medios iraníes y su bateador oficial repiten como loros que el líder supremo está activo y dominando el affair con las mapaches, pero el misterio persiste. Nadie sabe, nadie supo dónde esta el tarnal y qué hacer si no se lo encuentra.
Así las cosas, ¿qué pex con la supremacía persa y el líder en funciones? ¿Está vivo, muerto o en Disneylandia? La roña se quedó en la sartén y cada cual sigue con su versión de los hechos, en un drama soap opera que parece más un cagadero que una crisis internacional. Y así, entre puñales y traiciones, corren los vientos de la incertidumbre en el turbio tablero de Medio Oriente. ¡Qué bonito desmadre!
