La presidenta Claudia Sheinbaum, siempre en el ojo del huracán, no deja de dar de qué hablar con sus comentarios. Esta vez, ha salido en campechano a hablar sobre los amagos de Donald Trump de hacer una limpieza al estilo viejo oeste de los cárteles en México. ¡Vaya gallito ranchero! Pero ella, con su mejor cara cívica, ha pedido al canciller Juan Ramón de la Fuente que tome un tecito con Marco Rubio, secretario gringo, para estrechar la comunicación. ¡Ah, qué bonito, una plática de cuates para evitar que Trump se ponga a hacer desmadre en el vecindario!
En Guerrero, la tierra de las guerras, Sheinbaum se saca de la chistera la necesidad de fortalecer la coordinación entre ambos países. Como si no lo supiéramos, claro, a veces hay que brindarle luz a los ciegos del poder, o algo así debe pensar ella. Ella parece obsequiarnos al recordar que Marco Rubio ha venido halagando la eficiencia en seguridad que México le echa, como cuando te alaban por lavar bien los platos. ¡Qué majo Marco, cuqui de él!
La presidenta evade a lo inteligente recordando que hay un grupete de trabajo binacional donde comparten «info importante» sobre el narcotráfico. ¿Info importante o chismecitos de la DEA?, quién sabe. Y así, la relación de conveniencia con EU sigue, con la premisa de respetar la soberanía nacional. ¡Qué majestuosa la soberanía, niña! Todo huele a estrategia bien aceitada y conjunta, una estrategia donde los ríos de información fluyen entre las naciones, como en una taberna en la revolución.
Pero la Sheinbaum no se olvida de lucir su bandera de honestidad, diciendo que todo se hace bajo el respeto a la soberanía. ¡Claro, para que nadie se sienta invadido antes de tiempo y no toque retaliar con más reciedumbre! Ella, la valedora de la intimidad nacional, aboga por fortalecer la seguridad con el Gordo de Estados Unidos, compartiendo, coordinando y chismorreando información importante. ¡Ah, cómo baila la política internacional en el escenario de lo público! ¿Qué opinará Andrés, el jefe? ¡Habemus show de cortesía entre vecinos de sotavento! ¡Ah, qué bonito es el amor en la 4T!
