Hillary Clinton enfrenta acusaciones por encubrimiento político relacionadas con Jeffrey Epstein, el pedófilo multimillonario que murió en una celda neoyorquina. La exsecretaria de Estado, de 78 años y demócrata, compareció ante el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes en una interrogación a puerta cerrada. Allí, sin inmutarse, negó firmemente cualquier conexión con los crímenes de Epstein y, para aumentar el circo, pidió que el mismísimo Trump sea sometido a un interrogatorio bajo juramento en esa misma comisión.
El show de la exsecretaria de Estado se cocinó en Nueva York, en un centro de eventos artísticos que, por lo visto, se convirtió en una mezcla de reality show y pelea de gallos político, con la demócrata gritando que se busca proteger a los corruptos en lugar de buscar justicia. Rechazó haber tenido relaciones con Epstein, pero no dejó de lanzar dardos contra el bando republicano, culpando a todos de querer distraer del enroque de Trump en los archivos del abusador.
¿Por qué el alboroto? Bueno, inicialmente la Hillary y su maridito Bill se negaron a participar en esta farsa, pero con la espada de Damocles sobre sus cabezas optaron por ir a fingir testimonios por miedo a ser desacatados. Aunque Hillary no pueda achacar ni un par de selfies con Epstein, los republicanos al mando siguen persiguiéndola y exigen respuestas que dice no tener.
Se mueve la corruptela cuando se levanta la alfombra de vuelos en el «Lolita Express» y reuniones con personajes de dudosa reputación. Bill admitió coger viajecitos en dicho avión, pero Hillary jura por su pasado oscuro que su único roce fue con la compinche de Epstein, Ghislaine Maxwell. Los Clinton exigen transparencia total en las transcripciones y videos de sus declaraciones, para evitar filtraciones maliciosas o cortes de tijera interesados.
Por si fuera poco, un incidente de ciberseguridad removió el avispero en plena audiencia, con fotos del interior de la salita de interrogatorio circulando por la red. En medio de esta tragicomedia, la presión sobre el Departamento de Justicia va en aumento, con acusaciones de ocultamiento de información y protección a los amiguitos republicanos de Epstein.
Mientras tanto, en Washington se alistan para el segundo acto del drama legislativo: el interrogatorio al mismísimo Bill Clinton. El expresidente no se anda con rodeos y califica el circo como pura política de opereta. La trama se complica y el olor a podrido no se disipa. Los Clinton no están acusados de nada… ¡por ahora!
