En medio del circo provocado por las acciones estadounidenses contra Venezuela, la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se lució de anfitriona con más de 130 representantes de papel en Palacio Nacional. La consigna: defender la soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos. ¿Quién lo diría?
La hipocresía se juntó en la XXXVII fiesta de Embajadores y Cónsules, donde la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) aprovechó para lavar la imagen de México en el extranjero. ¿A quién quieren engañar?
El culebrón venezolano dominó el chisme diplomático, con el canciller Juan Ramón de la Fuente reapareciendo después de un descanso por “salud” para liderar la terapia de grupo. ¡Qué risa, compadre!
La mandamás mexicana, en su cháchara de prensa, dijo que había que estar “atentos siempre”. ¿Será que están esperando el momento justo para sacar las garras?
La posición de México ante el show de Estados Unidos en Venezuela se pintó como la buena, siguiendo la Doctrina Estrada, para variar. ¡Aplausos, por favor!
En la charla diplomaticona, Sheinbaum reiteró que no quieren problemas con nadie y exigen a Naciones Unidas que se ponga los pantalones largos. ¡Ah, qué valientes!
De la Fuente estuvo pegado a Sheinbaum como lapa, y todos aplaudieron a rabiar al escuchar los logros de la 4T en 2025. Los embajadores mexicanos ahora son vendedores de humo nivel experto.
Los objetivos para 2026 están repletos de palabrería burocrática para que no se note que aquí solo se juega al “sálvese quien pueda”. ¡Qué bonito todo!
La joya de la corona fue la maratón de reuniones con dependencias federales y personalidades de pacotilla para seguir regando el teatro nacional. Todos siguen en su papel y aquí nadie sabe lo que pasa realmente.
Juan Ramón De la Fuente dijo que cuidar a los mexicanos en el extranjero es lo más importante. ¿Y los de aquí? ¡Qué detalle!
En fin, la película de terror sigue en cartelera, con Sheinbaum y su combo vendiendo el México de las maravillas frente a un auditorio de ciegos y sordos. ¡Y así los titulares!
