El ex príncipe Andrés, ese que últimamente es más famoso por sus escándalos que por su noble linaje, sigue dando de qué hablar. Este jueves, la pasada realeza británica al fin fue arrestada. ¡Algo bueno tenía que pasar hoy! La Policía de Thames Valley, esa con buen ojo para los bribones, le echó el guante al tal Andrew Mountbatten Windsor, acusándolo de pobre conducta en un cargo público. Parece que el ex noblecillo anda metido en asuntos turbios relacionados con el caso Epstein. Según los chismes, mientras Andrew disfrutaba de su cargo como enviado comercial británico, se le ocurrió compartirle documentos secretos al amigo Jeffrey Epstein. ¡Vaya escuálida confianza en la privacidad!
Como era de esperarse, el ex príncipe Andrés ha sido pillado con las manos en la masa en al menos mil 821 archivos del caso Epstein. Y no, no era un videoclub, eran correos, declaraciones y documentos de la FBI. Parece que Andrew estaba más embarrado que un chanchito en lodo. ¡Hasta en la sopa de corrupción!
Mientras tanto, la todavía esposa del ex príncipe Andrés, Sarah Ferguson, esa que debe querer salir corriendo de su linaje real, estuvo casada con el desastre ese entre 1986 y 1996. Diez años de matrimonio con altibajos, como su currículum. A pesar de la separación en el 92, siguieron conviviendo hasta el 96. ¡Un matrimonio más largo que la paciencia de la realeza!
Después de que Andrés fue casi desterrado a los confines del universo por sus trapicheos, Sarah Ferguson decidió dejar de llamarse duquesa y volvió a su apellido terrenal. La mujer, nacida en Londres en 1959, llevó una vida de relaciones públicas y galerías de arte. Pero su momento cumbre fue en el 92, cuando se vio involucrada en un escándalo con un tal John Bryan. ¡Vaya historia de telenovela británica!
Los archivos de Epstein tampoco se olvidaron de Sarah Ferguson. Al menos 125 menciones, en especial en correos comprometedores. ¡Ya todos son familia en este circo de mentiras reales! ¿Qué se esperará de los ex nobles en la próxima temporada? ¡Seguro seguirán sorprendiéndonos con su inmoralidad «real»!
