El ex príncipe Andrés, ese que camina sobre nubes de algodón gracias a su sangre azul, fue liberado hoy. No, no de su corona, claro que no, pero sí de la pulcra detención por andar haciendo mamadas en cargos públicos. ¿Qué pasó? Según la agencia Reuters, este miembro ilustre de la realeza salió volando de la estación policial, pero ojo, no es que haya tirado su corona allí para librarse de la redada. Nada de eso. El príncipe seguirá siendo blanco de investigaciones. ¡Ráscate donde no pica que algo huele a podrido!
Según los chismes, la casa de este «angelito» en Norfolk fue cateada por los agentes. Pero eso no es todo, la antigua residencia en Windsor del príncipe también fue registrada. ¡Quién pudiera ver las caritas de los agentes al entrar en palacios y fincas! Debe ser como abrir un regalo de Navidad, pero con joyas, seda y tapices en lugar de juguetes.
Ah, pero la joya de la corona es su relación con el caso Epstein. Por si alguien andaba despistado, resulta que este príncipe de pacotilla estaba más enredado que rulero de burro con ese sujeto de oscuros menesteres. ¿Imaginas que a ti te pillen chismeándote con un vecino de la cuadra y luego salgas diciendo que no te arrepientes? Eso, pero a la enésima potencia porque, queridos, esto es pura realeza.
La guinda del pastel viene con Virginia Giuffre, que acusa al príncipe de requeteabuso y hasta se atreve a afirmar que la hicieron bailar salsa con el hermanito de la corona. Una fiesta, vamos. Mandalas de ramos de rosas y de champán. Lo normal entre amigos.
En fin, que la corona inglesa sigue brillando cargada de secretos, hipocresías y un príncipe que cada día que pasa se parece más a un personaje de comedia gris. Seguiremos cuchicheando y esperando próximos capítulos de esta telenovela. Porque la realeza, amigos… ¡es como un arroz, que siempre sale requemado!
