El famoso Club de Golf Acapulco se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para la ciudadanía, gracias a las movidas turbias del Fonatur que han dejado al descubierto toda una red de desfalcos y maquinaciones. Resulta que este club, situado en la exclusiva zona de Icacos, cayó en manos del Fonatur en circunstancias más sospechosas que la película de un asesinato en familia, gracias a la quiebra de la asociación civil que lo administraba, con una deuda de más de 28 millones de pesos. ¿Casualidad?
Pero aquí no acaba el circo: entre los tuertos fallidos del Fonatur y el populacho está la falta de claridad sobre el nuevo destino de este tesoro histórico de más de 20 hectáreas. ¿Un complejo turístico de lujo? ¿Un centro de negocios para los amigotes? Nadie sabe, nadie supo. Y para rematar, el cambio de uso del espacio se está dando sin consultar a la comunidad acapulqueña ni a los empresarios locales. Muy transparente, ¿verdad?
¡Pero eso no es todo, amigos! Resulta que el Fonatur, ese mismo ente que trae en sus manos el Tren Maya, lleva más de ocho meses sin presentar un bendito proyecto ejecutivo para salvar este espacio emblemático que hace 76 años fue idea del expresidente Miguel Alemán. Según los grandes jefes, todo forma parte de un plan grandioso llamado Acapulco se Transforma Contigo —suena a algo que te venden en un anuncio de televisión a las 3 de la mañana—, pero no hay rastro de los planes para limpiar la mugre financiera que dejaron como herencia en este club que alguna vez fue el símbolo del “Acapulco dorado”.
Es hora de poner el ojo en los jugadores de este sucio juego en el club de golf de Acapulco, donde los venados son los únicos que parecen salir perdiendo. Mientras tanto, el Fonatur y sus secuaces siguen enfrascados en un baile de secretos y mentiras que dejan a Acapulco y a su emblemático club en un estado de incertidumbre y abandono. ¡Qué vergüenza!
