El Primer Ministro de Israel, ese buen hombre llamado Benjamin Netanyahu, ha salido a pavonearse de nuevo y a proclamar que mantendrá el control militar sobre la Franja de Gaza. ¿Su objetivo? Nada menos que el desarme de Hamas. Ah, y que quede claro que de soldados turcos y cataríes ni hablamos, ¿eh? Ni se les ocurra poner un pie en la Franja, porque según don Netanyahu, no solo se cortarán, sino que tampoco piensa permitir la creación de un Estado palestino por allá.
El guateque de este señor va más allá: de pistolas y bombas. También quiere mangonear el paso de Rafah, en la frontera sur con Egipto, bajo su atenta mirada de militarote. ¡Nada de andar de turistas por ahí! Y así, como si nada, afirma que la gran ofensiva israelí en Gaza ha sido una «victoria total». ¿En serio? Cumplir tres chambitas: rescatar rehenes, desarmar a Hamas y desmilitarizar la Franja… agárrenme que me caigo de la risa.
Pero como todo en la vida no es color de rosa, el líder del partido Yesh Atid, Yair Lapid, vino a recordar que no se puede estar festejando el regreso de los cautivos sin hacerse responsables de cómo rayos terminaron secuestrados. Y más leña al fuego: el dirigente de Demócratas, Yair Golan, soltó que Netanyahu no ha entregado una victoria, sino puras cajas de muertos, refiriéndose a las víctimas de este conflictazo.
Mientras tanto, el chisme y los cotilleos de Reuters andan diciendo que Hamas anda en busca de enganchar a unos 10 mil agentes de su policía en una nueva administración palestina, claro, con el respaldo de Estados Unidos. ¿Lo peor? Seguramente a Netanyahu no le va a parecer ni poquito la idea. Al final, Hamas todavía tiene agarrado casi la mitad del territorio, en un alto al fuego que parece más bien un tira y afloja para ver quién suelta las armas primero.
Y para rematar, el plan de transición incluye dejarle la administración de Gaza a un chupacables llamado Comité Nacional para la Administración de Gaza, que básicamente dejaría a Hamas en la calle. Pero ellos, los muchachos de Hamas, prometen portarse bien y colaborar con el nuevo esquema, ¡si eso no es amor por la administración pacífica, que baje Dios y lo vea!
