El arresto de Ryan Wedding, exatleta olímpico vinculado al Cártel de Sinaloa, hizo eco en el Ministro de Seguridad de Canadá, Gary Anandasangaree, quien se aventuró a proclamarlo como un hito en la cooperación entre países. Sí, este tipo sí que sabe cómo vender la mota, ¿verdad?
El ministro no escatimó en aplausos hacia la «eficaz» colaboración transfronteriza entre Canadá, Estados Unidos y México. Vaya, parece que el buen Gary estaba jugando al UNO con los polis de todos lados para llevarse el jackpot narco.
Pero no contento con esa dosis de sinceridad politiquera, Gary soltó perlas sobre la batalla colectiva contra las organizaciones criminales transnacionales. ¡Oh, la poesía de la justicia! Qué bonito suena todo, ¿verdad? Casi se me salen las lágrimas.
Ah, pero eso no es todo, los güeros del norte, sí, los gringos, también se echaron unas flores por la gran investigación «multijurisdiccional» y se dieron palmaditas en la espalda con la Policía Montada de Canadá. ¿No les da un calambre en la mano después de tanto autopalmarse, caray?
Y en un giro inesperado de los eventos en el show del crimen organizado, Ryan Wedding decidió hacer turismo voluntario por la justicia y entregarse a las autoridades gringas en México. Desde ahí lo mandaron directito a la tierra de las oportunidades para enfrentar a la justicia, claro, después de presuntamente liderar una pandilla de traficantes de droga en compañía del Cártel de Sinaloa.
En fin, parece que la historia de Ryan Wedding está por escribirse en letras bien grandes, y parece que el Ministro de Seguridad de Canadá quiere llevarse su lugar en los agradecimientos del final. ¡Qué bonita es la cooperación internacional, qué bonitos son los discursos políticos y qué bonitos son los arrestos de deportistas pasados de tráfico ilícito! ¿A poco no?
