Irán, ese país amante de la transparencia y la verdad, decidió sacar a pasear la calculadora y hacer cuentas. ¿El resultado? Más de 3 mil muertos por las protestas antigubernamentales. Claro, siempre en un ambiente de amor y paz que solo ellos entienden. ¡Qué lindos!
Según el balance oficial, que obviamente es tan transparente como un lago en pleno desierto, hubo 2 mil 427 civiles y agentes fallecidos. Eso sí, ni se molestan en detallar quiénes son los otros 700 que completan el macabro contador. ¿Serán acaso los dueños del té de la esquina?
Y cómo no, la cereza del pastel es acusar a Israel y a Estados Unidos de echarle leña al fuego. ¡Claro, la culpa siempre es del vecino! Esa habilidad de deslindarse de cualquier responsabilidad no tiene precio. Ah, y qué conveniente fue para Irán la «Guerra de los Doce Días» de Israel. ¡Santa casualidad!
Pero no todo es risas y diversión. Según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), la cifra real podría superar los 4 mil 500 muertos. ¡Y hay más de 9 mil fallecimientos en proceso de verificación! Qué eficiencia, ¿verdad?
En fin, como dice el refrán: «En casa del embustero, el verdadero cazador es sastre». ¡Ah, no, ese no era! Pero en fin, cada quien tiene sus numeritos y sus verdades a medias. ¡Qué siga la fiesta y que viva la opacidad gubernamental! ¡Qué haríamos sin los políticos!
