El infame Tratado Norteño (T-MEC) seguirá en pie a pesar de las dudas y las posibles modificaciones. ¿Qué sorpresa, verdad? Banca de América (BofA) y la cámara de comercio gringa (AmCham) andan de la mano, encantadísimos con la idea de mantener este chanchullo.
La banda empresarial gringa en México cree que Trump está jugando al cierre, pero cancelarlo sería una odisea burocrática estilo cerveza a las 2am. ¡Vaya, qué complicado! Según los peces gordos, el Partido Republicano puede perder fuerza y Trump no tendría carta blanca para brincar esta traba.
«Estados Unidos nos necesita, somos insustituibles» dice García, el descoloquenador de la AmCham. Pero no se engañen, esto más bien parece un juego para ajustar tornillos y cuchillas entre México y EU, que seguirá siendo el titiritero en esta kermés.
Ah, la cereza: el T-MEC tiene vida útil de 16 años desde el 2020, así que le quedan 10 años; si en 2026 no acuerdan nada, sigue con 10 años y si acuerdan, pasan a otros 16 años. ¡Cooomo lo oyes, qué ganga, cabrón!
Y no falta el pregonero de Bank of America, que alaba que México tiene unos aranceles muy atractivos para los gringos gracias al T-MEC. ¡Ah, que conveniente!
Por otro lado, el pedante primer ministro de Canadá, Mark Carney, viene con su rollo fuerte y su maletín de negociaciones de acero. Qué drama farsante que se nos viene con este cuento del T-MEC que parece un culebrón de pueblo barato.
En conclusión, aunque intenten vendernos esta telenovela de suspenso con sus ladridos de revisión “rigurosa”, el T-MEC parece ser un chiringuito en donde todos salen ganando, menos los de a pie. ¡Qué barbaridad!
