La primera vueltita de la presidente Claudia Sheinbaum nos dejó un acercamiento coqueto a la seguridad, reagrupando fichas para mostrar músculo tras el enfoque abrazador, no tan holeado de AMLO. Pero si nos ponemos serios, el relajo comenzó con la presión yankee de siempre coqueteando para que les sirvamos a su gusto.
Este nuevo elenco se la rifó con la burra entre las patas, fortaleciendo la chamba a los chismosos, la terneza y poniendo a unos cuantos a temblar. O sea, que agarrados de la mano con la dorada, raspándole la llorona a la delincuencia organizada desde otro ángulo.
Ahora que si nos ponemos a ver las tazas duras, el promedio de matados a diario baja un 37%, los femeñicidios un 23%, y los aguaceros de delincuencia, robo y secuestro han visto picos a la baja de un 49%. Eso sí, lo único que no da dos vueltas es la extorsión, el dolorcito de cabeza que sigue causando migraña.
Y pese a los tumbos ejecutivos, el 1.828 toneladas de fentanilo, millones de pastillas, manufacturas de metanfetaminas, toneladas de polvo y laboratorios clandestinos que nos hemos echado ya pesan buen hit.
Pero tampoco hay que olvidar la vecindad gringa, que con Trump al mando nos daba con el macizo. Convirtieron la frontera norte en refugio de reinas y exigieron carretadas de Grand Nationals en droguitas, amenazando con dejarnos más montados que burro en rodeo. Ahí pilluda la Sheinbaum postergando y devanándose los sesos con más contención en la barda mientras los gringos se enrollan a lo Cinthya Klitbo.
Y pues, en medio de tanta marihuana, la jefa Sheinbaum mandó una reforma constitucional para evitar buitreo en territorio patrio y castigar a quién le dé vuelo a las armas. Eso sí, los de allá cruzando la linea con mil y un chingaderitas en la mochila.
Y en estos cuentitos con feliz final, hasta los regalitos a los agüitados a manos del Tío Sam: 29 enjuiciados, extraviados, plomeados y culos descalabrados entregados a EU para que lawstar los ilustren. Y que conste que ya nueve de esos 29 chismosos andan cantando bajo la ducha por una tajadita menos en el caldillo judicial.
Así que en esta pachanga de complicidades y bailes agarrados, nos vemos de entregas con el énfasis que ponemos en cerrar el trato cantaletudo con los Al Capone versionado por el vecino gringo. Y no nos sorprenda si en las próximas entregas, la onda Zarathustra es más carne de melodrama y coquetearía con poco vidrio en la ventana.
