Mark Rutte, el secretario General de la OTAN (sí, esa en la que EUA manda), tuvo una charla con Donald Trump. ¿El tema de conversación? La joyita de Groenlandia. Y así, todo amistoso, acordaron verse en Suiza. ¡Qué bonito!
Rutte soltó en redes que hablaron de la «seguridad en Groenlandia y el Ártico». Claro, tan seguro como que Hulk en ropa de seda es un inocente gatito. Pero espera, que la historia se pone buena.
El diálogo entre este jefe de la OTAN y Trump es un show para ver quién es más simpático en el patio de los grandes. Y es que Trump, con su sed de poder, quiere chuparse a Groenlandia cual vampiro en fiesta de sangre.
Por si fuera poco, los países castigados por Trump, los ocho estoicos de Europa que lo aguantan, están como un perro de rancho: juntos, firmes y a la expectativa. Un romance de aranceles y cartas, con Emilio de Aragón quedándose corto.
La guinda del pastel es que estos países decidieron unirse y decirle a Trump «no, gracias» a sus aranceles del 10 por ciento. Y para ponerle más sal a la herida, le recordaron que «amenazas arancelarias no son buenas para nadie». ¿Ha! Doble moral en todo su esplendor.
Pero bueno, lo importante es que todos se van a dar unos tacos en Suiza pronto. ¿Le creemos? ¡Claro que sí, cómo no! Las ranas traen paraguas por si llueve.
