Yucatán, la tierra de las maravillas donde la inversión privada fluye como el agua en el desagüe. El Gobernador Joaquín Díaz Mena, con una sonrisa poco convincente, nos vende la llegada de más de 3 mil millones de pesos de inversión privada como el nuevo milagro yucateco. ¡Qué emoción!
Según el mandatario, estas inversiones son muestra de la confianza en un estado estable, seguro y ¡oh sorpresa! con un Gobierno que cumple. ¿Cumple qué, exactamente? Esa información nos la ahorraremos, parece ser un secreto bien guardado.
Con una retórica digna de un comercial de TV viejo, nos habla de empleos, dinamismo económico y oportunidades para las familias locales. ¡Qué corazón tan noble tiene nuestro Gobernador! Nos hace sentir tan orgullosos de vivir en este paraíso de inversión y prosperidad.
Y como si fuera poco, el show sigue con 11 proyectos millonarios en industria, logística, salud, educación, comercio y alimentos en distintos municipios, prometiendo un festival de más de dos mil empleos que caerán del cielo. ¡Y pensar que todo esto se hace por el bienestar del pueblo!
¡Pero espera, aún hay más! El acróbata de la política aplaude a las empresas que le riegan billetes, les agradece la confianza y les lanza flores por apostar al territorio yucateco. ¡Vaya, qué bonito les queda el traje de inversores comprometidos!
Para rematar, agradece al Gobierno de México y a la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo por su apoyo, insinuando que esta fiesta de la inversión no es casualidad, sino el resultado de un ambiente seguro y de reglas claras. ¡Qué coqueto!
En fin, todo esto nos deja con la miel en los labios y una sensación de que algo no cuadra del todo. ¿Inversión o ardid? ¿Desarrollo o fachada? Quién sabe, pero mientras tanto, sigamos aplaudiendo y creyéndonos el cuento de hadas que nos vende el buen Joaquín. ¡Qué bonito es Yucatán! ¡Hasta el próximo capítulo de esta telenovela corporativa!
