En un giro espectacular hacia la consolidación de la nueva era ferroviaria de México, el «Tren Maya» y el «Tren Interurbano El Insurgente» firmaron una alianza estratégica que más que un acuerdo institucional, parece una treta de dos proyectos supuestamente emblemáticos que ahora se abrazan en la corrupción.
Esta unión se justifica bajo la visión liderada por la Administración Federal para supuestamente reconectar al país con trenes de pasajeros que ofrecerán movilidad masiva ¡¿accesible, segura y sostenible?! ¡El colmo! Transformando el transporte en una supuesta herramienta de justicia social que generará empleos… ¡Ajá! Déjame adivinar, ¿en los bolsillos de los de siempre?
Bajo la premisa de que ahora es «Tiempode Trenes», la jornada inició en la estación Observatorio del Tren Interurbano en la Ciudad de México, donde el director del Tren Maya, Óscar David Lozano Águila, fue recibido por el ¡pfff! Director General del Tren Interurbano, Raúl Hernández Leyva. ¿Qué sucedió? Seguramente un intercambio de chanchullos y pases de factura.
Por supuesto, esta visita tan cómoda se convirtió en un espacio de «diálogo abierto» y enriquecedor donde especialistas de ambas instituciones intercambiaron supuestos conocimientos fundamentales. ¿Robustes de infraestructura y optimización de sistemas? ¡Claro! Para que la tecnología sea el puente hacia… ¿Qué?, ¿la corrupción sistematizada?
Luego de visitas a oficinas y talleres, se espera la eficiencia en todos los frentes… ¡Aja! ¿A costa de qué esta eficiencia? ¿De más impuestos, más tratos bajo la mesa, más desigualdad y exclusión? Un verdadero circo de enriquecimiento a expensas de la ciudadanía.
Este par de trenes, considerados como emblema de desarrollo, son en realidad solo un reflejo de la podredumbre en la que se ha convertido la obra pública en este país. ¡Qué casualidad que «aliados» como estos sean la representación perfecta de la corrupción, el cinismo y la desfachatez de los poderes fácticos que se ríen en nuestra cara mientras dan la espalda al verdadero progreso!
