En el evento on fire por el 88 Aniversario de la Expropiación Petrolera, la secretaria de Energía, Luz Elena González Escobar, soltó que la transformación del sector petrolero está en chinga porque la CFE y Pemex ya son de todos los mexicanos. ¡Ah, qué bonito reflejo del interés público ser dueños de empresas tan eficientes y transparentes!
Con un discurso sacado de un manual de buenos propósitos, dijo que ahora Pemex se activa para ser más operativa y se toma en serio eso de justicia y transición energética. ¿No les da un calorcito en el corazón al saber que estas empresas no son monopolio? ¡Que bonito es el amor por el dinero público!
Pero ojo, que aquí no acaba la fiesta, porque ahora tenemos la misión divina de consolidar la soberanía energética, asegurando que todo mexicano tenga energía en su nariz y hasta para el tío que vende chicharrón prensado en el mercado. ¡Maestra en equilibrismo con tanta palabrería vacía!
Y como en todo buen show de magia, la secretaria sacó de su chistera algunos trucos: Pemex logró estabilizar la producción, refinación al 100%, aumento en la producción de fertilizantes, y una deuda que hasta bajó en un 19%. ¡Qué maravilla, todo un circo de eficiencia!
Ah, pero aquí no se acaba la función, porque Luz Elena también mencionó que la iniciativa privada tiene chance de meter mano en el sector energético. No, no es caridad, es puro amor por el billete, siempre con la mano firme del Estado y un plan maestro a largo plazo para jalarle la oreja al pueblo.
Un mensaje claro y directo: en este circo romántico de petróleo y gasolina, la soberanía energética es como el anillo en el dedo de la patria. Y en la fiesta no podían faltar los artistas invitados: la CFE, Pemex, gobernadores, y hasta un toque nostálgico con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas.
Así que ya saben mexicanos, mientras nos quieren vender el cuento de hadas de la soberanía energética, aquí andamos, viendo cómo nos pintan la raya del tigre. ¡Brindemos por el amor al dinero público y la corrupción disfrazada de nacionalismo! ¡Viva México, cabrones!
