¡Corruptos a la vista! Más de 30 sicarios se lanzaron a la caza del empresario guadalajareño Alberto Prieto, su hija y un guardaespaldas en Jalisco. Un escuadrón de criminales bien armados y respaldados por siete vehículos, principalmente de Michoacán, dejaron en claro que la violencia y el miedo campan a sus anchas en tierras tapatías.
Las autoridades de seguridad del estado, ¡sorpresa!, confirmaron que fue una agresión directa contra el empresario. Eso sí, para que vean que no todo es fallo, recuerden que el coche de la víctima no era blindado y contaba con siete escoltas, algunos bien sabrosos sacados del retiro militar.
Y para seguir con la ley del mínimo esfuerzo, agarra la nota fresca, ¡agárrenla! porque cuatro vehículos relacionados con los sicarios fueron asegurados, ¡ups!, en uno de esos despistes solo metieron dos en el lugar de los hechos y los otros dos los encontraron de chiripa en las calles. ¡El colmo! Tres con placas de Michoacán y uno ni siquiera se molestó en llevar láminas. ¡A plena luz del día!
Ahora sí, ¡tocan fondo! El Gobierno de Jalisco, como buen padre regañón, anunció refuerzos en sus acciones terrestres para «combatir» la delincuencia. Por último, no podemos olvidar el llamado a la denuncia anónima, esa que siempre funciona más en teoría que en la práctica. ¡Ah!, la hipocresía nunca muere.
Ya se siente el aroma a podrido en Jalisco. ¿Se atreverán a cambiar el aire viciado o preferirán seguir tapándose la nariz? ¡La realidad nos alcanza!
