La ciudadanía de Oaxaca se está dando un festín democrático este domingo con una votación para sacar o mantener en su trono al Rey Salomón Jara, gobernador de la tierra del mezcal. El mismo monarca ha tenido el descaro de decir que este circo fortalece la democracia. Vamos, ¡no nos hagamos pendejos!
Desde temprano, el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca abrió las casillas en los 25 distritos del estado. Se espera que más de 3 millones de oaxaqueños se arrimen a votar en este juego de tronos. Pero aquí la pregunta es ¿le bajamos a las mentiras o seguimos fingiendo que todo es legítimo?
Se dice que unas 2,556 casillas básicas y otras 259 contiguas fueron puestas ahí para que los ciudadanos puedan votar con derecho a pataleo. Pero, ojo, para que esto sea vinculante, se necesita que al menos el 40% de los oaxaqueños inscritos en la lista nominal se dignen a hacer acto de presencia. ¿Cumplirán o solo les vale?
Ya saben cómo es el chisme: si Jara sale llorando de palacio, le tocan otros tres años de ruleteo. Pero si se libra de la guillotina, terminará su periodo de 6 años al mando de las enchiladas y los sones jarochos. ¿Realmente importa? Quién sabe. Los datos hasta ahora indican que solo andamos paseando por la feria de la hipocresía.
Mientras tanto, alla en las altas esferas, la presidenta Sheinbaum ya adelantó que también le meterá al juego. ¿Será? Dicen que quiere anticipar su revocación de mandato para ahorrarse unos centavos. ¡Qué solidaria! Y así, mientras cada quien se prepara para sus decisiones, la democracia se pone sus tacones para bailar entre corruptelas y promesas incumplidas.
Oaxaqueños, voten, y recuerden, una democracia fortalecida no se logra con discursos vacíos, sino con acciones concretas. ¡Ojo a las trampas en este circo!
