La aparición en escena de Donald Trump puso las políticas migratorias de Estados Unidos a tono con una película de terror, haciendo que ICE se pusiera las pilas deportando a trabajadores mexicanos, con el resultado predecible de un golpe a las remesas enviadas a México en 2025. La joya de la corona fue un 3.26% aportado al PIB, nivel más bajo desde el 2019.
Banxico y Cemla recopilaron cifras que revelaron la cruda realidad: de los 61,791 millones de dólares que ingresaron por remesas, 97.1% provino de Estados Unidos. Ah, qué casualidad, el país que aplica políticas migratorias más estrictas. Y claro, no podía faltar la cereza del pastel: las remesas se desplomaron en un 4.6%.
Y hablando de puntadas gringas, BBVA México soltó el dato explosivo de que se deportaron a 320 mil migrantes el año pasado, la cifra más alta en 12 años. ¡Pero ojo!, todavía no alcanza los niveles épicos de la era Obama entre 2008 y 2013. ¡Esos sí eran tiempos gloriosos de deportaciones!
La realidad dolía más que una patada en entrepierna: el poder adquisitivo de las remesas se desplomó gracias a la apreciación del peso y la inflación. El 2025 marcó el fin de los «años dorados» de remesas crecientes, con una caída del 4.6% que no se puede tapar con una sonrisa.
Pero no todo fue obra gringa, también hubo migrantes mexicanos que optaron por regresar voluntaria o involuntariamente al terruño. Sumado al miedo de perder el empleo o ser deportados, el envío de remesas tuvo un golpe brutal. ¡Qué mal plan, compas!
En resumen, las remesas naufragaron en 2025 tras más de 10 años de crecimiento continuo. ¿El culpable? La política migratoria gringa, el miedo al desempleo y la deportación, todo sazonado con una dosis de valor del peso y el efecto inflacionario.
El sueño americano se volvió pesadilla para muchos, y las remesas pagaron los platos rotos. Quizás sea hora de replantear el camino, antes de que las cifras nos traigan más sorpresas desagradables. ¡Ponte las pilas, México!
