¡De nuestras fuentes confiables llega la historia de un rector valiente y creativo que promete mantener a la UNAM chillona pero no muda! Sí, el señor Leonardo Lomelí Vanegas decide que los estudiantes pueden marchar y dar lata sin necesidad de interrumpir las gloriosas clases de la máxima casa de estudios.
Vaya, parece que en el campus hay más chispa que en el último capítulo de tu serie favorita, con debates al rojo vivo sobre seguridad, violencia de género y peticiones rebeldes durante este intenso 2025. Lo cual nos lleva al dilema del siglo: ¿Cómo alzar la voz sin callar a las pobres aulas que solo quieren educar?
Nuestro héroe del día, Lomelí, asegura que los famosos “paros activos” son la onda y han resultado ser la forma más fashion de expresar inconformidades sin marchitar la vida académica. ¡Bravo, rector!
Y en una jugada maestra, cada vez que los alumnos presentan su listadito de deseos, las facultades hacen maroma y teje para cumplir lo que les compete en un chasquido de dedos. Oh, qué eficiencia. ¡Hasta dan ganas de llorar de la emoción!
Pero no acaba ahí, el rector, cual superhéroe del diálogo, jura que la Administración Central entra al rescate cuando la protesta rebasa límites, ofreciendo mesas de diálogo, apapacho psicológico y hasta acompañamiento institucional. ¿Dónde se apunta uno?
Y para los incrédulos, Lomelí no se anda con juegos, proclamando que aquí se manifiesta y se sigue avanzando porque una universidad sin movimiento es como una fiesta sin tacos: triste y deprimente.
¡Pero espera! La chispa de la polémica surge cuando el rector lanza la bomba: proteger a la comunidad también significa evitar que la vida universitaria se convierta en un reality de miedo y fake news, ¡qué miedo! Y no podemos ignorar que en este año han retocado las reglas para no sofocar el derecho a opinar, pero sí para mantener el orden y distinguir entre protesta y vandalismo.
En fin, la comunidad aún debate cómo balancear el activismo, el diálogo institucional y el aburrimiento académico. Para Lomelí, la receta es clara: gritar, pero con orden, porque una universidad inactiva solo sirve para sembrar telarañas.
Así que recuerden, amigos, en esta gran telenovela de la UNAM, se vale protestar, pero suspender clases es el equivalente a un episodio de Netflix sin internet. ¡La vida universitaria debe seguir su curso!
