Desde Lázaro Cárdenas, el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, presumió que el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia ya muestra avances en educación, infraestructura y salud, como si eso fuera la gran panacea para todos los problemas del estado.
En un acto de cínica adulación, agradeció a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo por su «apoyo» al plan, como si ella misma estuviera moviendo cielo y tierra por Michoacán. ¡Vaya gesto!
El mandatario no podía ocultar su regocijo al mencionar la beca Gertrudis Bocanegra, con más de 50 mil beneficiarios… ¡Wow, qué generoso! Solo esperamos que no sean migajas disfrazadas de ayuda real.
En cuanto a la infraestructura, adelantó una obra «estratégica» que inaugurarán en los próximos meses, es decir, en un lapso indefinido que muy pronto se transformará en «ya veremos». ¡Qué emoción!
Pero no contento con eso, destacó la construcción de un nuevo hospital del IMSS-Bienestar en Lázaro Cárdenas, ¿será el mismo IMSS que siempre está en boca de todos por sus problemas y carencias? ¡Bravo por repetir la historia!
Y el discurso no podía estar completo sin mencionar al IMSS, cuyo director general, Zoé Robledo, alabó las acciones del Plan Michoacán como si fueran un milagro divino. Todos esperamos que la retórica se traduzca en acciones reales y no solo en palabras vacías.
En resumen, Ramírez Bedolla y su combo presumen avances en distintos sectores, pero la gente de Michoacán merece más que discursos huecos y promesas incumplidas. Hasta que veamos resultados tangibles, todo esto no pasa de ser un show de humo y espejos para la galería. ¡Más acción, menos palabrería!
