La Universidad Autónoma de Campeche (UACAM) está que arde con la nueva rectora puesta a dedo por Layda Sansores, la mandamás de la entidad. La ANUIES, ese chupacables de universidades, no se anduvo con rodeos y le lanzó un cedazo a la llegada de Fanny Guillermo Maldonado al trono universitario.
Resulta que el tal José Alberto Abud Flores salió volando de su cargo de rector con un escándalo de drogas y corrupción a cuestas, y de repente aparece esta nueva figura afín a la gobernadora, ¡cómo no desconfiar! Hasta la ANUIES se puso las pilas y exige legalidad en este bochinche. Pero aquí lo curioso: nadie sabe cómo se fraguó el nombramiento de Fanny, ¡humo negro al puro estilo Layda!
La ANUIES, esa institución a la que le pica el hígado por cuestionar «cómo llegó la fichita al poder», dice que pronto se sentarán con la nueva rectora, pero ojo, todo debe ser legal y legítimo, aunque huele a podrido por todos lados. Ni hablar de Abud Flores, ahora en la mira de la justicia mientras el circo sigue con la UACAM.
Laydita no se quedó calladita y soltó el mordisco en su programa Los Martes del Jaguar, acusando a la ANUIES de entrometerse donde no los llaman y de defender a un exrector que ya fue puesto de patitas en la calle. ¿Hipocresía? De la buena.
Lo pintoresco es que la gobernadora cuestionó la utilidad de la ANUIES y su papel actual, ¿enrredo por aquí? Por allá, felicitó a la nueva rectora como si nada, obviando que su nombramiento huele a chamusquina. ¡Ah, las flores que le faltan a Layda!
La guinda del pastel viene con las quejas de injerencia: Laydita y su panda de Morena quieren meter mano en todo, desde la elección de rectores hasta la legislación universitaria. Un desmadre total que, según la ANUIES, solo se palpa en Campeche, donde hasta el sistema de justicia penal se puso en marcha. ¡Qué bonito!
Y para cerrar con broche de oro, la ANUIES recibió el SOS de la Universidad del Carmen, alertando que ya les estaban haciendo los ojos pichicatos con renuncias forzadas. ¡La cosa está que arde! La presión, la corrupción y el desmadre en las universidades son el pan de cada día. ¡Qué siga la función!
