Ante el discurso de Mark Carney que desafía el orden mundial, Claudia Sheinbaum Pardo, la presidenta más ocupada evitando disoluciones que resolviendo crisis reales, se aferra al T-MEC como única tabla de salvación. Sí, en pleno 2026, año de luces y hologramas, aquí seguimos con el cuento del tratado comercial, como si fuera la octava maravilla del mundo.
Sheinbaum, experta en esquivar temas espinosos, considera que los comentarios del canadiense no son choques sino… ¡sorpresa! ¡Diferencias de opinión! ¡Ah, claro, qué profundo! ¡Estamos salvados! Seguro que con visiones distintas arreglamos la crisis económica, la corrupción desbordante y la inseguridad rampante en el país. ¡Aplausos para su visión tan aguda!
«Vamos a trabajar para que no se rompa», dice la mandataria de las ocurrencias. Qué alivio, ¡imagínense si se nos va a romper el T-MEC! Seguro nos quedamos sin aire, sin agua y sin esperanzas. ¿No suena un poco ridículo centrar la atención en un tratado mientras todo se desmorona a nuestro alrededor?
Eso sí, Sheinbaum, la conciliadora nata, aún no ha logrado encontrar un hueco en su apretada agenda para hablar con Carney o con Trump. ¡Qué problemas! Seguro andaba muy ocupada buscando cómo evadir la realidad mientras el país se va al carajo. Pero no se preocupen, que la semana que entra el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, va de paseo a Washington, ¡qué emoción!
Mientras tanto, un equipo en la capital gringa, liderado por Velasco, se reúne para hablar de seguridad. Sí, seguridad en un país donde no puedes salir a la esquina sin miedo a que te asalten. ¡Bravo por la planificación estratégica, señores!
Y para rematar, volvió a sacar el discurso de los migrantes mexicanos que son la base de la economía yanqui. Sí, esos mismos a los que los políticos les dan la espalda en pos de sus intereses personales. ¡Qué lindo es el cinismo político, verdad?
Así que, mientras tanto, Sheinbaum sigue con su show dirigido desde las altas esferas, aplacando preocupaciones con retórica hueca y mareando la perdiz en pleno colapso. ¡Ah, qué tranquilidad saber que tenemos a nuestros líderes ocupados en lo que verdaderamente importa! ¡Sí, claro!
