En una ceremonia más cursi que efectiva en el Museo del Policía, 72 jóvenes infractores, 15 damas y 57 caballeros, recibieron aplausos por graduarse del Programa Reconecta con la Paz. Una estrategia cursi de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) capitalina, donde se les da palmaditas en la espalda a personas de entre 18 y 35 años que cometieron su primer delito no grave.
El Secretario de Seguridad Ciudadana, el licenciado Pablo Vázquez Camacho, insinuó que más de mil 777 descarriados beneficiados de Reconecta con la Paz han tenido menos probabilidades de reincidir. ¿Realmente? Déjame dudarlo.
Esta magnífica iniciativa inició en 2021 por Claudia Sheinbaum Pardo, continuada por Clara Brugada Molina. ¿Y qué? ¡Los jóvenes son el chisme de todas las reuniones políticas! ¡Sí, señor!
«Reconecta busca cambiar mentes y corazones». ¿Tan fácil, amigos? ¿En serio la vida cambia así como de calzones? Déjenme reírme un poco.
La subsecretaria Paulina Salazar Patiño presume de trabajar con dos mil jóvenes primo delincuentes. ¡Bravo por ellas! Con terapias conductuales, dan clases de «decide bien, piensa mejor» y deportes… ¿por qué no clase de civismo?
Carla Nayelli Márquez Domínguez, la alumna ejemplar, contó cómo pasó de ser una enojada delincuente a una paz mental. ¿Empatía, tolerancia y escucha activa? Sí, eso se compra en el supermercado.
Reconecta trabaja, colabora, promueve, brinda, incentiva… Todos muy lindos en sus palabras pomposas, pero, ¿dónde quedan los resultados reales?
En resumen, otro día, otra ceremonia complaciente, más discursos almibarados y la duda persistente de si realmente estos programas dan resultados o solo son un espectáculo político para disfrazar la realidad. Oops.
