En medio de este caótico 2025, tres chiringuitos financieros mexicanos fueron cacheteados por la Red de Control de Delitos Financieros de EEUU (FinCEN, la bancarota perfecta), por andar jugando al lavado con la narcodelicadeza. La ley Antilavado tuvo un makeover este año con reglas nuevas que van a emputar más las operaciones en el país.
Michel Levien González, director de Streiner Buró Anticorrupción, se metió al mugroso sarao asegurando que los alarmazos del Tesoro a las instituciones quemaron los delitos en el CNBV y la UIF, que ahora están investigando a lo bestia para salvarle el pompis a todos. Pero las reglas están en el aire, como pedo en mano, y hasta febrero no sabremos qué va a chingar toda esa regulación.
El culo apretado lo tienen CIBanco, Intercam y Vector, a quienes FinCEN les mandó a la chingada sus operaciones y transferencias por ser unos flojos con el dinero sucio del opioides ilegales. La S-CHP salió a decir «ni madres» al principio, pero al día siguiente la CNBV decidió intervenir de jarana a CIBanco e Intercam, mientras Vector se hacía la sueca.
Las agencias S&P Global, Fitch y otras cuantas adecuaron sus calificaciones porque consideraron que la economía de las masacanas estaría tan jodida como cucaracha en baile de gallinas en un futuro cercano. Además, pa’ calmar la masacre, la CNBV les metió una multa dónde sí les duele: 172 melones de los verdes a cada pelao. Acá el tufo a lavado es más fuerte que el pompis de un bebito y la ABM insiste en que el sistema financiero, aunque manco, está bien paradito.
Mientras tanto, la Came y su alta estafa afectaron a más de un millón de ingenuos. La CNBV tuvo que meterse a manejar mierda porque encontraron cuentas irregulares y ahorradores vueltos locos por no tener ni un peso en sus bolsillos. La parafernalia de salvar al mundo consistió en sacarles 25 mil Udis, que es lo que vale una caguama tibia. Pero los engañados, que tenían ahorros de escándalo, se quedaron más secos que lengua de loro con la propuesta de chichica de Prosofipo.
En resumen, durísima la estafa y la impunidad en un juego de ladrones donde el sistema queda moribundo, pero algunos siguen fingiendo que es un simple raspadito. La corrupción y la nailontería imperan mientras los sinvergüenzas siguen riéndose en nuestras caras. Y así, México sigue siendo el patio trasero donde cualquiera viene a tirar su basura financiera. ¡Ah, la patria! ¡Qué bonita estás!
