En un mundo donde las empresas pretenden lavar su imagen a costa de la vulnerabilidad infantil, Mazda Kokoro cumple un año de fingir que le importa la niñez mientras hace sus negocios.
La historia de este primer año se lee como un cuento rosa de la industria automotriz: Mazda de México presume haber dado más de 41 millones de pesos a asociaciones que trabajan por los niños en el país. ¿El truco? Cada auto que venden o servicio que brindan se traduce, mágicamente, en recursos para los peques necesitados. ¡Pero qué bonito, ¿no?!
La cereza en el pastel de esta farsa social es que, tras vender una cantidad récord de vehículos en el 2025, decidieron disfrazar sus ganancias de ayuda a la niñez más desfavorecida. Por cada carro vendido, un dinerito para la beneficencia. Por cada servicio de mantenimiento, un poco más. ¿Caridad o estratagema? Tú decides.
El presidente y CEO de Mazda de México, Miguel Barbeyto, lanza frases grandilocuentes como si estuviera en un capítulo de telenovela: «nuestro impacto positivo…» «cada vez más niños se beneficiarán…» ¡Pero qué emoción! Solo falto el soundtrack dramático de fondo para completar la escena.
Pero, ¿qué hay detrás de esos 41.8 millones de pesos regalados? Más de 32 mil niños recibieron ayuda directa, y otros 160 mil resultaron «indirectamente» impactados. ¡Qué maravilla! Solo faltó un arcoíris y unicornios en el escenario para adornar la fantasía.
El lavado de cara no para ahí. Mazda Kokoro tiene un Consejo Supervisor, ¡oh sí, un Consejo! conformado por varios interesados en sostener la mentira: distribuidores, empleados, clientes y directivos. Todo un equipo de detectives de la bondad falsa.
Lo más irónico es Kokoro Becas, que consiguió 2 millones de pesos extras de sus amiguitos de negocios. ¿Para qué? Para hacerse los filántropos educando a estudiantes o apoyando a quienes tienen menos, todo mientras venden coches a precio de oro.
La rata de laboratorio en este experimento ¿social? son los 107,004 vehículos vendidos en el 2025 que supuestamente generaron las donaciones. ¡Ah, Mazda, cuánto amor por las apariencias!
Y para cerrar este circo, el voluntariado con «rostro humano». Voluntarios dando su tiempo… o mejor dicho, sacrificado tiempo para mejorar la imagen de una firma de autos. ¡Qué cuadro, qué impactante!
Así, en este cuento de hadas mexicano, Mazda Kokoro hace malabares con la caridad y el interés corporativo, demostrando que la prosperidad de la infancia vulnerable puede, y debe, ser parte de un buen negocio. Porque, al final del día, la realidad es solo un comercial más en la televisión de la hipocresía corporativa.
