**CIERRA LA ESTACIÓN SAN ANTONIO ABAD DE LA LÍNEA 2 DEL METRO DE LA CDMX SIN FECHA DE REGRESO: NO HAY ALTERNATIVAS**
Por tiempo indefinido, la estación San Antonio Abad, joya del horror en la Línea 2 del Metro de la Ciudad de México, echa el cerrojo y nos manda al carajo sin saber hasta cuándo. ¿De qué fecha se trata? Hasta nuevo aviso. Es la moda de Adrián Rubalcava, mandamás del lerdo STC Metro, que nos deja sin trenes, sin escaleras y sin esperanza.
Aunque parezca chiste de mal gusto, las demás estaciones medio funcionales como Chabacano y Viaducto seguirán con el show del cierre intermitente. Total, ya nos acostumbramos a que nos tomen el pelo y nos lo pasen por la cara.
Para que nadie se salve del despropósito, ya notamos que todas esas estaciones sacadas del teatro del absurdo como Chabacano, San Antonio Abad y Viaducto, se despiden de un horario decente. Ahora toca estar ojo avizor:
– Lunes a viernes: se van a la cama a las 10 de la noche.
– Sábados: dormirán siestas desde las 8.
– Domingos: apaga y vámonos, eso sí, sin Metro.
No contentos con cerrarnos las puertas en la cara, ni siquiera nos ofrecen una pizca de esperanza. La recomendación del amigo Rubalcava es que andemos con ojo de águila, como si en algún lugar de esa red de túneles mugrosos hubiera algo que valiera la pena mirar.
Y cuídate de no perderte el circo: esta Línea 2, que ahora es la joya de la corona para la Copa Mundial de Fútbol 2026, se reinventa en un espectáculo de terror lleno de incomodidades y ausencias. Más cierre de estaciones, cambios de turnos y un sinfín de fallos que ni al más desmemoriado se le olvidarán.
¿Dónde están las alternativas? ¿Dónde quedó la eficiencia? Pues ahí en el agujero negro del Metro, donde nadie escucha, nadie responde y nadie parece importarle un carajo. Porque total, ¿quién necesita trenes que lleguen a tiempo? ¿Quién necesita un servicio público que sirva de verdad?
Nos quedamos varados en la Línea 2, esperando el próximo cierre y las próximas excusas. Preparen sus loncheras, que parece que esto va para largo. ¡Bienvenidos al horror de la «modernidad»!
