¡Pillados en el Mercado de Abastos de Guadalajara con las rifas colombianas! Sí, señores, así como lo oyen, la corrupción se pasea a sus anchas en el mercado y la sangre corre por los pasillos. Tras el tiroteo en el que cayó el empresario Alberto Prieto junto a otros dos, las autoridades van siguiendo el rastro de estas prácticas ilegales.
Un grupo de 30 sicarios, sí, leyeron bien, ¡30 sicarios!, se lanzó a balazos contra el pobre Prieto y su comitiva, sembrando el terror en la zona. Y es que esta historia tiene más tela que cortar que una telenovela.
Después del tiroteo, salieron las versiones. Y el secretario general de Gobierno de Jalisco, Salvador Zamora Zamora, soltó la bomba. Habló de posibles lazos del difunto con las rifas colombianas que operan, qué casualidad, ¡en el mismo mercado! Sí, ahí donde compras tu fruta y tu carne, ¡se trae la mafia a pleno sol!
¿Pero qué son estas rifas colombianas? Pues resulta que son una artimaña ilegal donde los locatarios son «invitados» muy cordialmente a participar en supuestos sorteos con premios regordetes. Desde efectivo hasta electrodomésticos, ¡y todo a cambio de unos boletitos! Una ganga, vamos.
Pero, sorpresa, sorpresa, ¡no hay ganador! Todo esto es un gran fraude, con los organizadores embolsándose la pasta y los comerciantes siendo obligados prácticamente bajo amenazas. ¿Dónde quedó la ley y el orden en todo esto? ¿O es que en el mercado vale más la trampa que el trabajo honrado?
Y mientras la corrupción corre por las venas del mercado, la sangre de los inocentes sigue tiñendo el asfalto de Guadalajara. Esa es la cruda realidad que nos presentan, donde el poder y el delito bailan juntos en un festín de impunidad y violencia. ¡Qué bonito está el patio, señores!
