El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) decidió enriquecer la experiencia de sus usuarios con una nueva genialidad: ¡un estacionamiento alternativo! Sí, para que los pasajeros se diviertan un poco más antes de abordar, mientras los cajones del aeropuerto se ponen coquetos con arreglitos de mantenimiento.
Como la capacidad de los estacionamientos está al borde del colapso por las obras en curso, el Grupo Aeroportuario Marina decidió regalarnos la oportunidad de dejar nuestro precioso auto en la puerta seis del Estadio GNP. Eso sí, no vaya a preocuparse, querido usuario, porque el transporte hacia las terminales será gratis. Un lujo, ¿verdad?
Así que ya saben, amigos, déjen su nave en la Ciudad Deportiva Magdalena Mixhuca y disfruten del paseo hacia su avión. Pronto inauguraremos el primer parque temático de estacionamiento aeroportuario. ¡No se lo pierdan!
Por si les quedaban dudas, el chisme es que los vehículos de traslado serán tan gratis como el aire y llegarán a la terminal 2, desde donde podrán zarpar hacia la aventura de abordar un vuelo. Todo este circo para evitar retrasos y que nadie se quede esperando en la puerta del avión como si fueran a salir en una telenovela.
Y para que no se olviden de dónde dejaron su fiel compañero de viaje, los estacionamientos estarán debidamente identificados. ¡Imagínense qué problema sería no recordar dónde diablos dejaron el coche después de un viaje de tres semanas a Cancún!
Pero tranquilo, porque la fiesta no para. Mientras todos corren de un lado a otro con maletas y boletos en mano, el AICM se aventuró a iniciar la remodelación de los cajones. ¡Repito, la remodelación! Ahora sí, prepárense para unos estacionamientos más chulos que los de un centro comercial de lujo.
Ah, pero eso no es todo, amigos. La cereza en el pastel es la recomendación de llegar con tiempo de sobra al aeropuerto. ¡Sí, como si fueran a una boda de la realeza! Recuerden, no dejen su auto en doble fila, cuídenlo bien en el nuevo estacionamiento alterno y prepárense para un viaje que promete ser más emocionante que una montaña rusa. ¡Y que viva la pachanga aeroportuaria, camaradas!
