México, el país de las maravillas de la piratería. Según el último reporte presentado por AmCham, casi la mitad de los productos pirata que se venden tienen su origen en tierras mexicanas. ¡Qué honor! Parece que la ilegalidad y el ingenio se juntan en el paraíso del producto barato y de dudosa procedencia.
Las cifras no mienten: el 67% de la piratería es importada, el 44% es producto nacional y el 26% es un híbrido de lo global y lo local. ¡Vaya, somos unos campeones en eso de piratear!
Pero lo interesante es ver cómo la piratería ya está tan institucionalizada que hasta las empresas se están frotando las manos. Lorena Rodríguez de Clarke Modet lo pone claro, la piratería ya es un negocio con lógica empresarial, globalización, tecnología y logística. ¡Qué maravilla, todos ganando!
Y mientras el mundillo pirata crece, las autoridades y ciudadanos se rascan la cabeza. Por un lado, combatir la ilegalidad y por otro, lidiar con la idea de que comprar piratería no es un gran delito. Pues sí, qué dilema moral tan complicado.
Pero como si fuera poco, nos adelantan que podríamos tener reducción de aranceles. Un gustito que nos vamos a dar, aunque ojo, no crean que será un «arancel cero». Pedro Casas de AmCham nos lo advierte, habrá reducción pero no se vayan con la finta de que será regalado, no, ¡eso no!
Y para acabarla de amolar, los aranceles impuestos por Trump tienen su toque político. Así que México, el país bailador, debe balancear la negociación cuidando no pisar callos en temas migratorios y de drogas. ¡Qué estrés!
Al final, seguimos en el papel de buenos vecinos que buscan reindustrializarse, pero con aranceles por aquí y por acá, la cosa se pone color de hormiga. ¡Ah, México lindo y querido! ¿Qué haríamos sin tus productos pirata y tus laberintos arancelarios? ¡Ahí te hablan, Trump, China y demás competencia!
