En una carretera de Michoacán, dos cuerpos sin vida aparecieron como si fueran un par de costales desechados. ¿La razón? Estaban relacionados con el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo. Un hecho que dejó a todos con la boca abierta o, por lo menos, eso pretendieron.
Los cadáveres fueron encontrados 9 días después del ataque, como si fueran decoración para el escenario del crimen. El gobernador Alfredo Ramírez Bedolla le dio su toque de dramatismo al asunto, confirmando que los difuntos participaron en la agresión a Manzo. ¡Menuda sorpresa!
En una entrevista que seguramente estuvo llena de actores mediocres, Ramírez Bedolla soltó la sopa y dijo que los chamacos acompañaban al asesino principal. Uno de ellos, ¡aguas!, tenía tan solo 16 añitos. ¡Qué monada!, seguro era el encargado de llevar la merienda.
Pero eso no es todo, el gobernador también mencionó otro punto curioso. Resulta que el asesino, Miguel Ángel Ubaldo Vidales, de 17 años, fue fulminado en el mismo día del ataque. ¡Qué casualidad! Definitivamente, la vida en Michoacán está más emocionante que una telenovela de segunda.
Ah, pero al buen Alfredo le dio por hablar también de la seguridad del difunto alcalde. Contaba con 8 escoltas y 14 elementos de la Guardia Nacional a su cuidado. Sin embargo, eso no fue suficiente para evitar que terminara con la boca llena de hormigas.
Y para no perder la costumbre, dejaron abiertas todas las líneas de investigación. Para qué cerrarlas, ¿no? Nunca se sabe dónde saldrá la próxima sorpresa. Así que, mientras siguen investigando, nosotros seguimos al pendiente de las noticias. ¡Qué emoción!
