Goldman Sachs, ese banco tan letrado y sabio, se aventura a profetizar la baja del petróleo hasta el 2026. Según estos gurús financieros, se espera un superávit de alrededor de 2 millones de barriles diarios en el mercado, lo que hará que el Brent y el WTI bailen al ritmo de los 56 y 52 dólares, respectivamente. ¿Por qué? Pues, porque la producción se está expandiendo más que la panza de muchos en cuarentena.
Para dejarlo claro como el agua estancada de un charco, Goldman Sachs apunta que esta sobreoferta se debe a los proyectos que, cómo no, decidieron ver la luz justo antes de la pesadilla del Covid, se aplazaron por el bicho y ahora se ponen las pilas. Por si fuera poco, la OPEP decidió quitar los límites de producción. ¡Qué sorpresa, no! Pero, ojo, que nadie se quede atrás en este relevo de petróleo: EU y Brasil también están subiendo su cuota, como si no hubiera un mañana.
La Agencia Internacional de Energía nos dice, con su vocecita, que el mundo se va a hundir en un superávit de 4.09 millones de barriles por día el próximo año. ¿Y tú, qué haces con ese dato? ¡Ah, sí, tomar café!
Goldman Sachs, en su bola de cristal, anuncia que los precios podrían remontar a partir del 2027, cuando los productores al margen de la OPEP sientan el golpe de los bajos precios de estos años pandémicos. Pero no crean que todo es miseria, que si la cosa se pone buena, el barril de Brent podría pegar un brinco de 40 a más de 70 dólares. ¿La magia? Que Rusia decida hacer una dieta de barriles.
Así que ya lo saben, amigos, el mercado del petróleo está como un desfile de culpas entre todos los actores. Los ricos se enriquecen, los demás se quedan mirando. ¡Viva la fiesta del petróleo! ¿O no?
