Diego Rivera Navarro, el magnate de la corrupción, recibió su merecida visita de San Quintín por parte de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, acusado de estar más enredado que ovillo de estambre con el Cartel Jalisco Nueva Generación. Según las autoridades federales, el tipo lideraba una red de corrupción en el ayuntamiento de Tequila, desviando fondos y extorsionando a los productores locales.
La cereza del pastel es que este presunto delincuente recibió su lujosa estadía en el bote el 6 de febrero con la versión preventiva de la prisión, y su defensa todavía piensa que pueden convencer al juez de que no es tan vil como parece. ¡Suerte con eso, compadre!
El chisme en la vecindad es sobre la familia del susodicho charlatán. La plebe quiere saber quién es esa incógnita de esposa que comparte sábanas con semejante pillo. La privacidad del presidente municipal se destapa a la mala, y los ciudadanos exigen saber más sobre la calaña de individuo con la que se junta el tal Diego Rivera.
Este sujeto pasó como elefante blanco por la política durante 14 meses, soltando falacias y dejando cabos sueltos. En su declaración de bienes de 2023, juraba estar más solo que el uno, con un carne de Derecho sin terminar. ¡Casi casi, casi llega a ser abogado, casi casi! Pero lo que no soltó el muy astuto fue quiénes sufren con él como familiares de sangre.
La carrera de la rata esta tuerta de tan corta que es. Antes de hacer de las suyas como jefe de Tequila, apenas entraba de relleno como regidor. Se mantuvo hermético sobre sus labores y sus chanchullos, guardándose bajo el sombrero sus trapacerías. Y su familia sigue en las sombras, igual de misteriosa que un cuadro de Da Vinci.
La joyita ganó las elecciones en un pueblo con menos habitantes que un desfile de cuarentena y se creyó el pez gordo. La fama del lugar venía de la bebida sagrada, y con el desfalco asociado a él, más de uno se habría lanzado a tomarse un shot de mezcal para olvidar tanta ratería.
Y en la cola del diablo, mientras Rivera Navarro se pudre en el hoyo negro de la justicia, la plebe se pregunta: ¿quién es el valiente que comparte la almohada con este maleante? ¿Quién es la santa esposa de este jefazo? El enigma de la familia del político es más intrigante que los finales de telenovela a las tres de la tarde.
