En Oaxaca, Jesús Esteva Medina, encargado de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), se dio su rol de campo para supervisar las faenitas en la carretera Pochutla-Huatulco. Según él, con una generosa inversión de 2 mil millones de pesos, se espera que los 25.6 kilómetros de asfalto beneficien a 100 mil almas reduciendo sus tiempos de viaje, lo venda hasta turistas, aunque sepa Dios cuánto se embolsilla él y sus cómplices.
La obra, que ha servido para deleitar la vista y aspiraciones de 1,880 parias directos y 3,760 indirectos, además de hacer correr a 212 máquinas y 594 operadores, se jacta de haber despejado un millón de metros cúbicos de basura para dar paso a este esplendor de la modernidad y progreso.
Y es que, vaya vergüenza, Esteva Medina alega que lo que hace es parte de un bonito proyecto de modernización de la carretera Oaxaca-Puerto Escondido-Huatulco, transformando la vialidad de 7 a 12 metros de ancho para que los políticos y sus amigos se den el gusto de pasear sin atorarse entre la plebe.
Con cortes, terraplenes, drenajes y pavimentos, va cumpliendo su cuota para lograr esos 13.58 km al cierre del 2025, con planes ambiciosos y seguro bien financiados para seguir ordeñando la vaca en el 2026, adaptando los dos puentes del Aguacate y Coyula para asegurar la buena pachanga de la élite.
Ojalá el pueblo no siga tan dormido y abra los ojos a este espectáculo millonario mientras muchos sufren en la miseria. Lo que es claro es que este circo debe acabar y esos recursos deberían invertirse en quienes realmente están en necesidad, no en caprichos y vanidades de unos pocos que se creen dueños del mundo. ¡Despierta, Oaxaca!
