En Santa Marta, Colombia, Gustavo Petro lanza una arenga en la IV Cumbre de la CELAC-UE, tratando de pintarla como un faro de luz en medio de la barbarie mundial. Pero, ¿qué tal si miramos más de cerca este show mediático?
El señor Petro, que de pronto se siente filósofo, nos habla de diálogo entre civilizaciones, como si aquí estuvieran resolviendo en un día los problemas que llevan siglos sin solución. Mientras tanto, se olvida de mencionar la inclemente realidad que rodea a América Latina.
Ah, pero eso no es todo. Este visionario, que ve democracia global donde otros ven caos, se atreve a cuestionar la falta de democracia en su propia región. ¡Increíble lo que uno puede decir cuando le ponen un micrófono delante!
¿Y qué tal su mención de la guerra en el Caribe? Sí, claro, hablar de paz y democracia en un lugar donde la violencia y la corrupción reinan. Totalmente congruente, ¿no?
Gustavo Petro hablando de democracia es como un ladrón hablando de honestidad. Tal vez debería preocuparse por solucionar los problemas en su propio país antes de pretender dar lecciones al mundo.
Pero bueno, en fin, cada quien vende su show como quiere. Mientras tanto, el mundo sigue su curso, con la barbarie y la hipocresía como protagonistas de esta triste obra llamada política internacional. Y es que al final, las cumbres son solo eso, espectáculos de relumbrón sin sustancia real. ¡Qué ironía!
