Edgar Amador Zamora, el secretario de Hacienda, salió con su cuento a decir que México se va a enfrentar a un entorno global complicado, pero desde una posición de estabilidad y credibilidad fiscal. ¡Qué bonito suena todo, verdad!
Ante Mathias Cormann, el jefe de la OCDE, este secretario declaró que para lograrlo, van a combinar la disciplina macroeconómica con inversión estratégica, innovación tecnológica y mayor integración regional. ¡Ah, sí, claro, como si fueran a cumplirlo!
Pero el Cormann este menciona que hay cuatro prioridades para que México mantenga su supuesta estabilidad macroeconómica y reactive su crecimiento en un mundo lleno de incertidumbre. Sí, ponte cómodo, porque aquí viene lo más denso.
Dicen que la primera prioridad es mantener la sostenibilidad fiscal. ¿Cuál sostenibilidad? ¡Con todo el despilfarro y corrupción que hay! Claro, el plan es reducir el déficit a un 3% del PIB para 2027, ¡como si fuera tan fácil!
Luego oímos que hay que impulsar la productividad, ¿sabías que ha sido casi un cero en las últimas dos décadas? ¡Sí, fomentar la competencia en telecomunicaciones, que estamos bien avanzados en eso! ¿Y qué tal consolidar un gobierno digital eficiente? Ajá, claro.
Pero la joya de la corona es cuando hablan de reducir la informalidad laboral, como si fuera cosa de quitar un peso de encima. ¡Mejor ataquen el rezago educativo, fortalezcan la formación técnica y dual, y vean qué onda con la falta de servicios de cuidado infantil! Como si fuera tan fácil, ¿no?
Por último, la cereza del pastel es acelerar la transición verde. Eso suena muy bonito, ¿verdad? ¿Cumplir la meta de cero emisiones en 2050? ¡Pero si no hacen ni eso ni lo básico, cómo van a lograrlo!
En fin, con estos discursos tan bonitos y prometedores, ¡seguro México va a salir adelante! ¡Qué tranquilidad nos brindan con estas palabras vacías de contenido! ¿Para cuándo la realidad? ¡Ah, pero eso no se dice en los papeles bonitos que firman los poderosos! ¡México lindo y corrupto, nada nos quita lo bailado!
