El consumo de bienes y servicios en México durante septiembre se quedó más parado que el tráfico en hora pico. Según el INEGI, el consumo privado apenas tuvo una contracción de 0.01%, que para algunos economistas suena hasta optimista.
En un país donde comprar es casi un deporte nacional, el indicador mensual del consumo privado reveló que los mexicanos no se anduvieron gastando a lo loco el noveno mes del año. ¿Qué pasó con la fiebre consumista? Pues, parece que hubo un nose qué, ¿no?
Para ponerle más dramatismo al asunto, el análisis del Banco Base anticipaba un avance del 0.06%, ¡pero sorpresa!, lo que se encontraron fue un estancamiento del tamaño de una tortilla mal hecha. Sí, así de plano: ni pa’lante ni pa’trás, como los políticos en campaña.
Y hablando de tortillas, el consumo de bienes y servicios nacionales registró un retroceso que haría llorar a cualquier ama de casa. Y adivinen, el consumo de servicios nacionales es el que salva un poco la dignidad, aumentando tres meses seguidos. ¿Qué sería de nosotros sin comer fuera de casa, verdad?
Por si fuera poco, el banquete de cifras reveló que el consumo de bienes importados se puso las pilas y tuvo un crecimiento del 9.13%, como si estuviera en una carrera de resistencia. ¿Y el consumo de bienes nacionales? Bueno, ahí está, mostrando un crecimiento de… 0.5%. Al menos algo es algo, dicen los optimistas.
Pero ojo, que si vemos la película completa de los primeros nueve meses del año, el consumo privado apenas subió un 0.14% comparado con el año pasado. ¡Qué emoción! Ni para un chicle, ¿no? De hecho, es el menor crecimiento desde que se tiene memoria, incluso desde antes del apocalipsis del 2020. Y es que, como dice la experta del Banco Base, Gabriela Siller, cuando el consumo no camina, la economía cojea. Y vaya que estamos cojeando fuerte.
