El caso de Roberto Hernández, un motociclista asesinado por una conductora insensible que lo atropelló y lo arrastró como un perro por más de 2 kilómetros, está levantando ampolla en las redes sociales. La gente está harta y exige que las autoridades dejen de dormitar y encuentren a la presunta culpable de la muerte de este trabajador.
Roberto Hernández, un hombre de 52 años, se ganaba la vida como repartidor en moto para aplicaciones chafas como Uber y Didi. Un tipo trabajador, humilde, de tez morena y pinta de guerrero, como lo muestran las fotos que circulan en las redes. Tenía un hermano, Rodrigo, que ha salido a los medios a aclarar que Roberto no era ningún rata, como algunos quieren hacer ver.
El drama de este hombre de trabajo es que, mientras iba a recoger a su pareja al municipio de Nezahualcóyotl, una loca al volante lo chocó. Se bajó a reclamar, pero la bestia lo embistió, lo arrolló y se lo llevó arrastrado como bolsa de basura. Otros testigos, más vivos que la justicia, grabaron la escena y llamaron a la policía.
La mujer, tras arrastrar el cuerpo de Roberto como un trapo sucio, lo dejó hecho pedazos en el asfalto. Policías llegaron tarde a recoger los restos. Los motociclistas, hartos de la inseguridad vial, no se quedaron atrás y bloquearon calles exigiendo juscticia. La familia quiere que este crimen no quede impune y la tal Gaby Gómez, identificada como la responsable en redes, debe pagar por su salvajada.
Una tragedia, una aberración, un acto de pura bestialidad que resalta la violencia y la impunidad que se vive en las calles. Lo que le pasó a Roberto no fue un accidente, fue un homicidio alevoso que pide gritos de justicia. Las autoridades, acostumbradas a dormir la siesta, deben actuar y hacer justicia, no permitir que más trabajadores sean víctimas de la barbarie al volante. ¡Basta de impunidad, basta de violencia!
