**Descartan que una ciudad más iluminada termine con la inseguridad**
Investigadores de la Universidad Nacional Rosario Castellanos (UNRC) y la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación capitalina (Sectei) llegaron al genial descubrimiento de que el aumento de luminarias en la Ciudad de México no necesariamente enciende la llama de seguridad en la población.
En un papelucho titulado “Evaluación de la sostenibilidad de los sistemas de iluminación urbana: El caso de Ciudad de México”, los sabios analizaron los brillos de las políticas de alumbrado público y su efecto marginal en la seguridad ciudadana.
“No hay una relación directa entre más bombillas y el miedo nocturno. ¡Vaya novedad! Las brillantes políticas de luz pueden no dar el brillo esperado en materia de seguridad. ¡Wow, qué descubrimiento!», zanjaron los lumbreras.
El cacique de la UNRC y presunto hacedor de encuestas, Joshua Muñoz, declaró que, aunque los delitos han caído y las farolas han invadido la ciudad, la sensación de inseguridad sigue rondando. ¡Qué sorpresa, señores!
El académico señaló que la iluminadísima alcaldía de Iztapalapa es un ejemplo clarísimo de que la chispa de la seguridad no prende con más bombillas. ¡Agárrense, vecinos de la hueca Iztapalapa!
¿Y qué opinan los ciudadanos de a pie? Pues Luz Rangel, vecina de Santa Martha Acatitla Norte, confirmó que ni con 2000 focos se siente menos vulnerable en las calles. ¡Dame más focos, que ya me siento seguro!
Además, la columnista argumentó que la prehistórica idea de alejar la criminalidad con luz es tan vieja como la primera farola en 1790. ¡Bien ahí, seguimos avanzando en tecnología moderna!
Para cerrar con broche de oro, los estudiosos pusieron sobre la mesa las fallas y chispazos del sistema de iluminación de la ciudad. ¡Luces fuera, cuentas arriba, la ciudad se ilumina y el pueblo murmura!
