¡Camioneta de valores a exceso de velocidad atropella a franelero en Coapa!
Por Mariel Caballero
Otro ejemplo de la ley del más fuerte se vivió en las calles de la colonia Granjas Coapa, donde un franelero terminó hecho añicos por una camioneta de traslado de valores. ¡Qué sorpresa, verdad! El suceso, captado en video, expone la brutalidad de un sistema que pasa por encima de los más vulnerables.
El chofer, presumiblemente escapado de la ley de la física, circulaba a toda velocidad en sentido contrario. ¿Quién necesita semáforos o carriles cuando se trabaja en el mundillo de los valores? Claro que el pobre franelero no estaba en la nómina de privilegiados que pueden cometer infracciones sin consecuencias.
Después del impacto, el franelero quedó como un saco en el asfalto, mientras la camioneta de la muerte apenas se detuvo unos metros más adelante. ¡Qué eficiencia en el servicio, por cierto! El Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM) tuvo que llegar al rescate, porque aquí no hay emergencia sin autoridad, ¿verdad?
Y ¿qué creen? El herido fue llevado al hospital para ver si se podía salvar su pellejo. Mientras tanto, la camioneta de valores, perteneciente a COMETRA, empresa destacada por sus «técnicas avanzadas de conducción», pasó de largo, como si nada. ¡Vaya sorpresa!
Por si alguno aún lo dudaba, testigos apuntan a que el chofer no respetaba nada, ni las reglas de tránsito ni la integridad de los demás. Pero vamos, eso es algo que ya sabemos, ¿no? La ley y el sentido común son opcionales cuando se transportan valores.
Hasta el momento, las autoridades brillan por su ausencia en informar sobre qué harán con el conductor infractor. Total, ¿para qué necesitamos el Estado de Derecho cuando una camioneta de valores va a la velocidad de la luz?
En redes sociales, la gente pide justicia, ¡qué novedad! Aunque ya sabemos cómo terminarán estas historias, ¿cierto? Y mientras tanto, únete a nuestro canal de WhatsApp, porque en La Razón te llevamos la realidad cruda y sin maquillaje, para que veas cómo operan las «cosas del poder». ¡Ahora sí, a pagar los vidrios rotos, que de eso no se escapa nadie en este circo!
