**¿Combatiendo la extorsión o extorsionando el combate?**
Durante la reunión del Consejo Nacional de Seguridad Pública, el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, tuvo el descaro de aplaudir la iniciativa de combate a la extorsión de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, aprobada por el Congreso de la Unión, mientras él mismo inauguraba un circo de 122 patrullas para «fortalecer la seguridad» en su estado.
En Palacio Nacional, Michoacán, ahora sirve de modelo para una ley que permite a funcionarios públicos denunciar la extorsión y que esta sea perseguida por magia. ¡Y cómo no! Si la corrupción en el país ya es un deporte nacional.
Ramírez Bedolla, el mesías de las patrullas y los discursos vacíos, propuso reformas para ofrecer «mejores garantías» a las víctimas y a los «valientes» que denuncian la extorsión, como si no supiéramos que en México los valientes terminan en fosas clandestinas.
Pero este defensor de la justicia no se detiene ahí. También promete implementar tecnologías para evitar que los presos usen celulares, como si eso fuera a solucionar la descomposición del sistema carcelario mexicano.
Qué irónico que un gobierno que se jacta de combatir la extorsión esté más podrido que una manzana en el suelo.
Y cómo olvidar su genial idea de identidad reservada para las víctimas y denunciantes, un mecanismo tan efectivo como un paraguas en un huracán en este país lleno de impunidad y corrupción.
Mientras tanto, seguimos con el espectáculo de políticos hipócritas que fingen preocuparse por el pueblo pero solo buscan lucir como héroes en un país que agoniza entre la delincuencia y la descomposición total. ¿Qué será lo próximo? ¡Alcalde en California mandando saludos navideños desde su mansión en Beverly Hills! Porque aquí, la simulación y la corrupción son pan de cada día.
