La OCDE promete pocas perlas para la economía mexicana, con un crecimiento de 1.4% en 2026. Parece un brindis con agua de borrajas. Alberto González Pandiella, un jefazo de la OCDE, soltó la perla de que es «crecimiento positivo», aunque haya que bajar la cabeza para escucharlo. ¡Qué emoción, un 1.7% para el próximo año! ¡A ver si alcanza para un taco de carnitas!
Según estos señores de corbatas y maletines, México «enfrenta retos» por la baja productividad y la informalidad laboral. ¡Santo cielo, qué sorpresa! Si hasta mi abuelita, que en paz descanse, lo vio venir desde el más allá.
La jefa de la OCDE, Aida Caldera Sánchez, soltó la joya de que hay que elevar la productividad para que la economía mexicana despegue. ¡Vaya genialidad, señora! ¿Y si ponemos magia y unicornios para resolver la ecuación?
La informalidad, dicen estos genios, es un obstáculo monstruoso para la productividad. ¿En serio? ¡La neta, me desmayo de la sorpresa! Más de 32 millones de mexicanos entre octubre y diciembre de 2025 nadaban en las aguas turbias de la informalidad. ¿Y el Inegi qué? Registrando cifras para la posteridad.
Para colmo, el tal Alberto González Pandiella nos da la lección de que hay que fortalecer la educación para reducir la informalidad. ¡Uy, qué descubrimiento! México, líder en personas sin secundaria terminada. ¡Ándale, qué orgullo!
Así que ya saben, queridos lectores, el futuro económico de México pende de un hilo. Mientras tanto, la OCDE sigue con sus predicciones moderadas y recomendaciones dignas de premio a la obviedad. ¡Qué emoción vivimos en este país de oportunidades!
