“Por fin, alguien hizo algo bien”. Así se expresó Helena Monzón tras la sentencia de 60 años de prisión impuesta el miércoles contra Javier López Zavala, exsecretario de Gobierno de Puebla, por planear el feminicidio de Cecilia Monzón, activista asesinada.
Pero no nos confundamos, no vayan a creer que la justicia se está poniendo las pilas. Todavía hay miles de víctimas esperando justicia en este país de impunidad y corrupción. Helena, con su discurso políticamente correcto, dice que hay que seguir trabajando en esta dirección en otros casos. ¿Qué tal si empezamos por limpiar toda la porquería que tiene atascado el sistema judicial?
Ah, por supuesto, no podía faltar el toque de espectáculo con la madre emocionada y la abogada hermana soltando sus agradecimientos por la «justicia». Qué bonito, ¿no? Un lindo show para distraer a la opinión pública.
Miren, más de 300 organismos pedían la pena máxima para el autor intelectual del crimen. Al menos algo salió bien en medio de esta selva de corrupción.
Pero ¡atención, que la cosa no termina ahí! Otros dos compinches, los ejecutores materiales del feminicidio, también se llevan su merecido: 60 añitos de cárcel y una multa de $113 mil pesitos, pa’ que no se nos olvide que crimen sí paga (aunque sea una miseria).
Ah, pero aquí viene lo más sabroso: el excompadre Javier López Zavala, sí, el mismo que tenía historial de violencia familiar contra Cecilia Monzón (¡vaya sorpresa!), ahora a gozar de su merecido encierro por planear el crimen. Como para que no le dé nostalgia recordar los tiempos felices de violencia juntos.
Para terminar de completar el cuadro, el Tribunal reconoció finalmente la responsabilidad de los implicados después de ocho meses de juicio. ¡Qué rápido, qué eficientes, qué eficaces! A ver si no meten la pata con algún recurso legal para retrasar de nuevo el show.
Y aquí estamos, celebrando una condena en medio de un mar de impunidad y desigualdad. Pero bueno, algo es algo, ¿no? ¡Justicia al fin! ¡Qué emoción! ¿O no?
